tengo a tres en casa , uno viejo, otro joven y otro niño, Isidro, Isidro, Isidro(uy, uy, uy, creo que ciertas lecturas me están influenciando, y yo me dejo). Para ellos algo fresco, que he escrito hoy en la que yendo como hasta el momento será mi cuarta novela :"La condesa Puigbert de..."
"-Demoré-, dijo Erika- deberías alcanzarme el blister de encima de la mesita-.
Erika se partió medio comprimido que saboreó con un trago de vino tinto, un Vega Sicilia hallado en el trastero, los sabores se entremezclaron en su paladar, y sus párpados descendieron suavemente y poco a poco para gozar plenamente del momento del gozo indescriptible que la embriagó. Cosas de la nobleza, ese gusto refinado por el disfrute etéreo del sumo placer que aporta lo sublime.
A la sopa de galets, le habían añadido cachitos de jamón pequeñitos y finos. Y con la helada inmensa que caía sobre la noche en el exterior del palacete, el plato, acompañado por el vino a temperatura ambiente, olía y sabía a gloria bendita.
Producía un placer inmenso permanecer sentados en las sillas de tapicería acorde con el sofá, que no eran de un granate del todo liso, sino , que sus hilos se entremezclaban como si quisieran dibujar grandes y difusas rosas que se enredaban entre si. El calor del fuego, cada vez más avivado, más cercano, más cubriente, el placer del vino y del caldo subiéndose al cerebro, relajando los sentidos. De fondo, la música de quien sabe que sublime sentimental, acariciada por la voz de una diosa capaz de provocar emociones que no se pueden transmitir con palabras, haciendo viajar a los sentidos hasta el borde de la muerte cerebral, de la invasión, y del colapso, que te dejan temblando a la que se esfuman.
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2 comentarios:
Querida Rosa, qué bueno que publiques este blog así puedo leerte.Y me gusta mucho lo que escribes.Un beso.
Gracias querido obnebur, que grato y que bonito lo que me decís siempre.
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